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[COLUMNA] La izquierda reality

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Como era de esperarse, la renuncia del Intendente Mayol no fue suficiente para detener a la oposición en su búsqueda de créditos políticos, ahora preparan un pintoresco espectáculo, digno de un reality show, que tiene como presentadora a la diputada Nuyado.

El asunto no pasaría de ser más que un mero evento circense (con el debido respeto a los payasos) sin importancia, sino fuere porque se realiza en el Congreso, arriesgando negativas consecuencias para la convivencia política.

Sin entrar en las particularidades del caso Catrillanca, las cuales se han discutido latamente en otras columnas, existe un detalle que no ha pasado desapercibido por la prensa: que la diputada de nombre criollo y apellido indígena, y autodenominada representante de todo el pueblo mapuche (como si no votasen también por la derecha y ésta no tuviese mayoría en la Araucanía), realice su interpelación al ministro Chadwick en mapudungun.

A simple vista, pareciere que este hecho es simplemente parte del postureo de la diputada Emilia Nuyado, quien habla en español en la TV, y de la caricatura en que los mapuche hablan mapudungun en su cotidianidad en vez del español; sin embargo, la masividad de estas prácticas en otros países sólo han conseguido mayores divisiones en su nación. 

Por ejemplo, en España es costumbre en los separatistas hablar en sus respectivos idiomas o dialectos con el fin de segregar, mientras que quienes desean dirigirse a toda la nación, es decir que su mensaje llegue a todos, hablan el español. En Chile el idioma oficial es el español, un elemento común que nos une a todos, mapuches, pascuenses, mestizos, palestinos, etc.

Si Nuyado quiere hacer una ceremonia o en su vida cotidiana habla el mapudungun, bien por ella, pero cuando va a “parlar” al Congreso, expone para todos los chilenos.

Algunos dirán que esta repentina transformación de la diputada se debe a que quiere integrar a los mapuche, en ese caso no podemos encontrar mecanismo más perfecto que comunicarse en la lengua que hablan la grandísima mayoría de los mapuche, el español.

A nadie se le ocurriría que alguno de los parlamentarios con ascendencia alemana fuera al Congreso a exponer en alemán. Lo único que denotaría esa actitud es mostrar una supuesta superioridad que excluye al resto, ¿por qué alguien no querría hablar en el idioma que todos entendemos y en el que habitualmente se comunica, si no es por ese postureo supremacista?

Esperemos que esto no sea más que una simple anécdota de este grotesco reality show de la oposición, y que este afán de dividir artificiosamente no tenga mayores avances.

Frente a esta realidad, la derecha y los sectores socialdemócratas con un sentido de nación deberán tener cuidado con que la izquierda dura adopte las costumbres racistas de la izquierda española. Empezar a dividir a la sociedad por el idioma es algo muy peligroso para una supervivencia nacional en que se practique pluralidad.

Cuando se hace sentir a determinado grupo que es especial o que está destinado a ciertos privilegios, se crean ciudadanos de primera y de segunda categoría.

Por Javier Rozas

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