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[COLUMNA] El lado B de Donald Trump

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Continua siendo anecdótico y materia de estudio para muchos. Donald Trump fue electo  presidente de Estados Unidos. Movimientos radicales de izquierda ya han salido a las calles con pancartas en alto diciendo ¡él no es mi presidente! Nuevos movimientos independentistas en distintos estados han emergido, como Calexit en California y el ya existente Texit de Texas. Sean cuales sean las implicancias de su gobierno que comienza mañana, hay que premiarle a Trump el haber llevado lo políticamente incorrecto al debate. El magnate oxigenó la democracia norteamericana.

 En esta segunda década del s.XXI, ha quedado en evidencia lo distorsionado que está el concepto de democracia. ¿Qué es la democracia? Pregunta ingenua, como para un niño de cinco años. Pero no, le hago la pregunta a adultos que ya llevan una vida trabajada, sufrida y gozada. Les pregunto con la esperanza de que me respondan de manera automática sin tratar de hilar una frase que suene bonita y elegante, pero que carezca de sentido alguno. ¡El voto! me dirá más de una persona.

 La nueva izquierda y los sectores más conservadores en Chile, a pesar de su mutuo rechazo, comparten el mismo problema. Ambos poseen la misma idea de democracia.

 ¡Más democracia arreglará la democracia! Plantea la nueva izquierda. Quieren más votaciones, más cargos públicos escogidos por sufragio. Cargos que durarán menos tiempo para que ese acotado porcentaje de la población vuelva a las urnas a sufragar por alguien que probablemente no lo represente. Someter más decisiones a voto una y otra vez hasta que se logre el resultado que buscan. Casos que se han visto en países vecinos como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Ante cualquier problema levantarán las manos, encogerán el cuello, pondrán cara de sorprendidos y dirán ¡el pueblo lo quiso así, fue democrático!

 ¡Cuidado ahí! Ahora, observemos el lado conservador de Chile. Compuesto por personas bien vestidas, de camisa, humita en el cuello y una papa en la boca. Individuos que ven en el ir a votar una ceremonia parecida a la misa. Sólo falta que les entreguen una hostia luego de escoger a sus gobernantes. Eso fue todo. Hasta ahí llego la democracia para ellos. Hacer la fila cada cuatro años para escoger representantes.

 ¿Cómo esperamos que la democracia no esté en crisis con estas dos visones retorcidas de la misma? Perdimos la conversación, los diálogos y los debates. Perdimos el derecho de cuestionar lo establecido y lo pensado sin ser apuntados con el dedo y  calificados de “facho” o de “rojo.” Perdimos el derecho a ser políticamente incorrectos. Los debates se transformaron en diálogos de Shakespeare donde la conclusión se conoce antes de que se comience. ¿Dónde quedaron los debates y la conversación en los que aparecían soluciones inesperadas e innovadoras?

 ¿Dónde quedaron los espacios para ser políticamente incorrecto? Hasta en la redes sociales como Facebook y Twitter pueden cerrar tu cuenta si osas decir cosas que algunos movimientos condenan.  La democracia saldrá de su crisis cuando dejemos de creer que esta es un mero sufragio. Cuando los debates y conversaciones dejen de ser diálogos de obras previamente pauteadas.  Cuando se le permita abandonar nuestro Estado a quienes lo deseen. Finalmente, cuando lo políticamente incorrecto sea democráticamente correcto.

Por Tomás Leiva Lèrou

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