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[COLUMNA] ¿A quién le habla Gabriel Boric?

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Por Juan Cristóbal Demian*

El drama que se vive en la Araucanía es quizá uno de los cataclismos políticos más relevantes del año, uno de cuyos efectos colaterales fue poner paños fríos a un drama mucho más mundano y menos relevante, pero que sería bueno tratar con una lectura más honda antes de que se olvide debido a los últimos acontecimientos.

La moral del Frente Amplio se ve restituida ante la posibilidad de colgarse del tema mapuche, pero hasta antes de que ese tema explotara, la imagen pública del conglomerado de izquierdas millenial estuvo al borde de volver a caer al piso, tras su historial de cuchillazos internos y chascarros políticos.

La visita oculta del diputado autonomista Gabriel Boric al criminal prófugo Ricardo Palma Salamanca fue motivo de sorna y hostigamiento público para quien ostentaba el puesto de un verdadero príncipe revolucionario, un joven relativamente intachable cuya inteligencia y elocuencia lo encumbraban como líder y artífice de su coalición, por más que hubiera voces en su contra.

Si a eso le sumamos que la visita fue en compañía de la ex modelo farandulera, hoy rostro feminista de Revolución Democrática, Maite Orsini, el cuadro se ve desastroso, más aún cuando las malas lenguas del conventilleo chileno elucubran teorías sobre el tipo de amistad entre ambos representantes de la cara juvenil del parlamento y del Chile que viene.

El escarnio no vino sólo de la derecha, que clama justicia ante la impunidad de la muerte de su líder histórico, Jaime Guzmán, mientras tres de los pistoleros del FPMR que acabaron con su vida están fuera del país sin cumplir condena por el crimen, uno de ellos el mencionado Palma. También cayeron sobre Boric los dos rostros que dentro del Frente Amplio buscan hacer leña de él y disputarle el liderazgo y dirección del Frente Amplio: el astuto -pero poco político- Alberto Mayol, y la soberbia -pero menos millenial- Pamela Jiles. Ambos dieron prédica de cómo ser mejores que Boric, pero ninguno de los dos, ni Mayol, ni Jiles, cuenta con las bases reales para destronarlo, por lo que el Frente Amplio optó por sumirse en la parálisis, esto hasta el salvavidas que llegó desde Temucuicui.

Pero veamos más allá, mucho de lo que hizo Gabriel rayó en lo torpe y en lo desprolijo, sin embargo, no todo lo que hizo fue una imprudencia, Gabriel quiso dar un mensaje no verbal al reunirse con Palma, por más que su propia retórica moderada (“amarilla”) y su impulsividad de invitar a su amiguita Maite estén haciendo turbias las aguas que envuelven la botella en la que Gabriel guardó este mensaje.

Boric está en una encrucijada real y con mucho peso sobre sus hombros, la izquierda espera mucho de él, sin importar qué tan bien o mal les caiga, no es que sea su “líder”, pero saben que es el que tiene la película más clara en la bancada del Frente Amplio (aunque Garín muestra más brillantez no tiene el aterrizaje ni las simpatías que Boric desarrolló con sus aptitudes de liderazgo estudiantil), pero por sobre todo la postura privilegiada de su ideología autonomista le permite un radio de acción que va desde los socialistas más chavistas a los más burgueses de su coalición, otra ventaja que ni Mayol, ni Jiles y ni siquiera Jackson tienen, por la facilidad de los autonomistas de no estar ni aquí ni allá, sino todo lo contrario.

En esa encrucijada, Boric intenta poner sobre sus hombros la cruz de darle perspectiva al proyecto del Frente Amplio, tal como lo intenta su mentor, Carlos Ruiz, tanto en la vía electoral como cultural.

Por la vía electoral, Gabriel sabe que la retórica de izquierda dura termina asustando a la gente, el PC tuvo una pésima experiencia asesorando a Guillier en las elecciones pasadas y hasta el momento entiende que el chileno promedio que hoy vota no quiere extremos, es por eso que Boric se empeña en “amarillar” como le recriminan los izquierdistas más duros, para que la señora en la casa lo vea como un cabro sensato, pero al mismo tiempo, sabiendo que tiene pantalla disponible las 24 horas aprovecha de dar una opinión que satisfaga a sus bases, por ejemplo, condenar la muerte de Jaime Guzmán en democracia (ojo que sólo en democracia) y luego decir que el juicio a Palma pudo tener vicios y que nunca hubo certeza de su culpa.

No es fácil determinar a priori el resultado de este confuso trabajo de imagen, es más, la opinión pública lo revienta desde ambos bandos cada vez que Gabrielito se manda un número así, pero al menos parece apostar a que a largo plazo el votante promedio se quede con esa imagen, oportunista por cierto, de que no es un tipo “tan extremo”.

Pero a nivel cultural Gabriel Boric carga con otra misión, la de visualizar las posibilidades futuras, cuando el padrón electoral cambie y los jóvenes rebeldes de hoy sean adultos, a ese público que vive en el flujo, sin intención de heredar la política convencional más que por defecto, Gabriel tiene que hablarles, pero no les puede hablar con palabras, porque es un mensaje que va hacia jóvenes con un discurso de izquierda dura aprendida en sus liceos y colegios, a cargo de los mismos instigadores territoriales que el FA, los comunistas y otros más tienen 24/7 adoctrinando de alguna forma implícita o explícita.

El odio al neoliberalismo es en gran parte de esos jóvenes reformateados muy visceral, y en otros es incluso ya algo adquirido aunque no lo demuestren ni se compliquen, pero el discursillo de que “Guzmán era un facho que merecía morir por ser el ideólogo de la dictadura y la desigualdad neoliberal” es ya algo internalizado en un montón de personas de ese target, por cierto ignorantes en su mayoría de la historia objetiva, otras son sencillamente malintencionadas y otras sólo tienen ganas de botar espuma por la boca por algún motivo.

Si tal es el escenario, ¿qué mejor que un guiño de buena onda a todos esos cabros que ven con ojos de indiferencia o simpatía al FPMR y sus criminales, una señal de que un político, “amarillo” por el mero hecho de ser diputado, vaya a pesar de todo cuestionamiento formal a reunirse con este Che Guevara versión Acuenta?, una forma extra además de refregarle a la derecha que está siendo humillada, y ojo que para muchas de esas personas ese mero hecho vale más la pena que cualquier reforma que el Frente Amplio haga en el Parlamento.

Algo de esto adelantó cuando llamó a defender el legado del FPMR en una minúscula concentración de apoyo al cómplice de Palma en sus aberrantes actos, el criminal Mauricio Hernández Norambuena a principios de 2018, donde aprovechó de sobarle el lomo a los románticos veteranos de la guerrilla criolla; además, como el tema estaba en frío, Gabriel sabía que no arriesgaba su imagen de joven revolucionario -pero democrático- y pasaría piola.

Pero una vez que el tema se hizo tendencia por el caso de Palma, Boric debió actuar en consecuencia, con una estrategia en mano aunque muy mal resuelta, lo que está claro es que debe darse el tiempo para hacer guiños a los jóvenes revolucionarios que simpatizan con la idea de reformar con el fusil en mano como antaño, Gabriel a ellos se da el tiempo de decirles: “sí, le di una palmada en la espalda al que mató a Guzmán, quien representa todo lo que hay que odiar, sí, visité y abracé al héroe que le plantó una bala al neoliberalismo hecho persona”.

Desconozco si el mensaje se leyó bien, al menos para el beneficio personal de Boric, porque de que los ánimos sociales se agitaron, eso sí pasó, y será un antecedente en la batalla por la Araucanía que nos aqueja estos días.

Quizás su torpeza fue ir a la chilena, escondido, esperando que se develara de una manera que lo dejara mejor parado, cosa que difícilmente pasaría; y más desprolijo aún fue ir con Orsini, lo que quizás pensó que sería visto como compartir el hito con una compañera feminista terminó pareciendo una escapada romántica con la niña linda del colegio, eso no fue pulcro y Boric de verdad se asustó porque subestimó la –a veces muy necesaria- pacatería del chileno, la cosa hubiese sido quizás distinta si lo hubiera anunciado con bombos y platillos, pero claro, esa fiereza es mucho pedirle al hombre que quiere quedar como buen cabro para el tío del kiosko, en el fondo sería mucho pedirle al hombre que quiere -y hasta el momento tiene que- cargar con la imagen del Frente Amplio sobre sus hombros.

*Juan Cristóbal Demian es cientista político de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Se desempeña como Director Ejecutivo y columnista del Centro de Estudios Libertarios.

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