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Nacional

COLUMNA | El buenismo progresista

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Con todas las movilizaciones que se desataron a partir del alza del pasaje del  metro, que continuaron durante toda esa semana y que culminaron en la  histórica e increíblemente masiva marcha del viernes 25 de octubre, solamente se ha acentuado y mostrado en una escala mucho mayor un fenómeno que y  venía presentándose hace mucho tiempo en Chile: el buenismo progresista y la apelación a las emociones.    

Comenzaremos tratando de definir, explicar y analizar la naturaleza de este fenómeno. Lo describiremos y daremos algunos ejemplos de él. Después,  intentaremos vislumbrar sus causas. Finalmente, trataremos de esbozar algunas estrategias para enfrentarlo.

¿Qué es el buenismo?:

Lo podemos definir como la tendencia y actitud que se da en los jóvenes (aunque, también, en una gran cantidad de personas en general) de sentirse mal por los problemas de la gente, pensar que ese problema es siempre atribuible a la voluntad de alguien y proponer una solución tan simple y fácil como ingenua y falaz.

Básicamente, el ​modus operandi ​del buenismo es el siguiente. En primer lugar, detectar un cierto problema, en específico la pobreza, la escasez de recursos y  la angustia que provoca que una persona no pueda satisfacer sus necesidades  con los ingresos que recibe (resumido en la frase “no poder llegar a fin de  mes”). Estamos hablando del tipo de situaciones que a todos los seres  humanos con un mínimo de empatía y de amor por el prójimo, nos produce aflicción sentimental. En segundo lugar, los buenistas se sienten tristes, angustiados e indignados por ese problema. Acto seguido, sin haber hecho ninguna investigación previa y teniendo pocos o nulos conocimientos en  economía, sacan conclusiones apresuradas y señalan como causa de esos problemas hechos que no tienen ninguna relación. De esta manera, comienzan a denunciar esta situación y a buscar responsables o, mejor dicho, culpables a  los cuales hay que perseguir. Estos culpables, naturalmente, son los empresarios, los ricos, los “súper-ricos”, “el 1% más rico”, “los poderosos de siempre”, “la derecha”, “los unos pocos que se benefician y aprovechan de las  grandes mayorías”, “los dueños de este país”, “el gran empresariado”, etc.

Luego de eso, creyendo que existe una varita mágica, capaz de resolver los problemas, demandan fervientemente políticas progresistas de redistribución  masiva de la riqueza, las cuales poco funcionan en la realidad, mas no así en sus mentes.

En síntesis, es estar motivados por los sentimientos más loables y bienintencionados, pero, sin tener idea de cómo funciona una economía, salir a vociferar en contra de un supuesto sistema injusto (sin tener muy claro, por  supuesto, cómo funciona aquello que critican), como si hubiera una autoridad suprema en el mundo a la cual exigirle que solucione todos los problemas existentes.

Este fenómeno se da, principalmente, en los jóvenes de las clases medias y altas acomodadas. De hecho, es extremadamente común ver a tanto joven revolucionario, proveniente de los barrios más pudientes y de los colegios privados más caros (es más, sólo hace falta googlear de dónde provienen los jóvenes militantes y parlamentarios del frente amplio en Chile).

Probablemente, y esto es sólo una hipótesis, se deba al sentimiento de culpa que ellos puedan tener por haberlo tenido todo desde siempre, sin haber hecho ningún esfuerzo y sin tener ningún mérito para conseguirlo. Quizás, se deba a que para ellos, personas sin muchas carencias, es una experiencia atractiva envolverse y participar en estos movimientos que claman estar luchando por el bien de los más desprotegidos y débiles de la sociedad.

Pero, por favor, no reduzcamos esto sólo a esos jóvenes acomodados.

El argumento emocional:      

Ahora, la forma en que normalmente el buenismo se muestra y aparece en la discusión pública, es decir, la forma en la cual los buenistas interpelan a sus  interlocutores, es a través de los argumentos emocionales o, mejor dicho, las  apelaciones a la emoción. ¿Qué es esto y cómo funciona? Pues, básicamente,  es usar situaciones dramáticas y descripciones muy detalladas y trágicas, en particular de gente pobre y con carencias económicas o materiales.

Normalmente, se narran las historias de, por ejemplo, personas de tercera edad que apenas reciben como pensión $150.000 y que tienen que gastarse la  mitad de eso (de esas “migajas”) en medicamentos o, peor aún, personas de la tercera edad que, como reciben una pensión “de miseria”, se ven forzados a  seguir trabajando muchas horas al día, pese a su avanzada edad; personas que viven en la periferia de la ciudad y tienen que levantarse a las 5 de la mañana  para, después, demorarse 1 ó 2 horas en llegar a su trabajo; mujeres que son madres solteras y que tienen que hacer verdaderos malabares para poder llegar  a fin de mes; personas que pierden su empleo y no pueden seguir pagando la educación de sus hijos; padres cuyos niños pequeños caen enfermos y cuyas  cuentas médicas son simplemente inaccesibles; personas que, afectadas por  una enfermedad específica, se ven obligadas a gastarse millones de pesos en un remedio, etc.

De lo que se trata, es de hacernos realizar el ejercicio de ponernos en el lugar del otro y de imaginarnos a nosotros mismos en esa situación. Después, usando la pesadumbre que eso causa en cualquiera, lo que hacen es dar un  salto lógico, hacer un diagnóstico totalmente errado y sin sentido, atribuir la  causa de ese problema a la voluntad de alguien (maligno) y echarle la culpa.

Finalmente, ahí es donde hace su entrada la varita mágica que ya mencionamos y en la que creen los buenistas. Porque lo que hacen es vociferar propuestas que apuntan a soluciones simplistas y fáciles que vienen desde los sectores de izquierda o, mejor dicho, progresistas, tales como estatizar o nacionalizar los recursos naturales (cómo no, si son “nuestros”), establecer impuestos altísimos a las (demonizadas) empresas y otorgar  infinitos derechos a todos los bienes económicos que es importante tener para una persona en nuestros tiempos, tales como los servicios de salud o de  atención sanitaria, la educación universitaria, una pensión mensual asegurada para la vejez, medicamentos, una casa o departamento, energía eléctrica,  calefacción, agua potable, transporte rápido y eficiente para llegar al trabajo, etc. Todos los cuales nos deben ser provistos por el Estado (vale decir, financiados por los contribuyentes). Se trata de los famosos derechos sociales.

Es realmente notable cómo los buenistas y progresistas usan el dolor de las personas más pobres y necesitadas de la sociedad, las cuales por cierto están  en una situación trágica. Cuando hacen eso, no hay ningún argumento racional posible que puedas esgrimir en contra de sus propuestas estatistas. ¿Por qué?  Porque ellos, después de haber hecho un relato dramático, están en una posición de superioridad moral máxima e insuperable, en un pedestal de la  moralidad y, por lo tanto, todo lo que ellos digan y/o propongan, está bien. Si tú no estás de acuerdo con ellos, no es que estés simplemente en desacuerdo,  sino que eres una mala persona, alguien indolente, indiferente al dolor ajeno, un ser egoísta y codicioso, un “individualista” sólo preocupado de sus propias  necesidades, a quien le da lo mismo las carencias de los demás; al borde de ser alguien que odia a los pobres y quiere que sufran.

Ahora bien, si uno tiene un poco más de suerte, no lo tratarán como a un codicioso y mala persona, sino que lo tratarán de estúpido, retrasado mental,  imbécil, idiota, descerebrado, neandertal, etc. Esto se debe a que, claro, ellos han sido iluminados, han accedido a las verdades más trascendentales, han  encontrado respuesta a (casi todas) las preguntas y problemas más apremiantes de la existencia humana. Claro, ellos están “del lado correcto de la  historia”. Ergo, cualquiera que ose desafiar sus “ideas” (las cuales muchas veces no pasan de ser eslóganes y consignas), están en contra del progreso  inevitable y unidireccional de la historia: son seres despistados que se han quedado atrás, demasiado miopes e ignorantes para ver cómo la humanidad  avanza por la senda del progreso, no sin antes haber derrotado a “los  poderosos”. Esto último, obvio, debido a que, para ellos, la historia humana  no es más que la lucha entre el bien, encarnado por unos, y el mal, encarnado  por otros.

El argumento resentido:

Una característica muy común del buenismo y de los argumentos emocionales, es apelar al resentimiento y a la división de la sociedad en clases y la lucha  entre estas respectivas clases. Es decir, atribuir todos los problemas y todo el malestar de la mayoría al hecho de que existe una pequeña élite, una clase  social, otrora llamada los burgueses y hoy llamada simplemente “los ricos”, “los  poderosos” o “el 1% más rico”, a los cuales, obviamente, hay que quitarles lo  que tienen para re-distribuirlo equitativamente entre los que menos tienen.

Una consecuencia de lo anterior es pensar que todas las personas pobres necesariamente tienen que ser de izquierda (“progresistas”) y que todo aquel  que llegase a desafiar los dogmas del progresismo es un rico, un miembro de la clase alta, un cuico, “un hijito de papá”, uno del “barrio alto”, que vive en  una burbuja aislada de la realidad y muy alejado del chile real. Y naturalmente, cualquiera que pudiera tener una opinión distinta a la de ellos, es descalificado  por ser uno de esos cuicos del barrio alto que, como no conoce la realidad de la gente pobre, no tiene derecho a opinar, porque “esas cosas se aprenden desde abajo y no en una cuna de oro”.   

Esto, evidentemente, a veces se contradice un poco con el hecho, precisamente, de que los mejores (aunque en ningún caso los únicos)  representantes del buenismo progre, sean jóvenes de clases medias altas.

El eslógan:

Ahora, una de los ejemplos, que es máxima expresión de este buenismo  progresista, probablemente, sean los fabulosos eslóganes, los cuales dan  cuenta de la creatividad que inunda al progresismo en general (y que tanta falta hace en los sectores de derecha). Ejemplos de esto, son frases como “No protesto porque me falte algo, sino porque otros  les falta todo”, “Nos robaron tanto, que nos quitaron el miedo”, “La  educación es un derecho, no un privilegio”, “No es por 30 días, es por 30  años”, “Eliminaron el ramo de historia, así que tuvimos que empezar a reescribir la historia”, “La educación y la salud son derechos universales, y no bienes de consumo”, “Si los derechos que yo tengo no los tienen los demás, no son derechos, sino privilegios”, “Quienes solo tienen intereses individuales, jamás entenderán lo que es una lucha colectiva”, “Hoy es año nuevo, y en media hora, el gerente  general de copec, ya ganó lo que gana un año entero un trabajador de copec”, “Mis  sueños no tienen precio”, “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, etc.

Nuevamente, frente a estas líricas frases, no hay ningún argumento racional posible que uno pueda esgrimir, porque se mueven en otro plano, el plano de las emociones y del sentimentalismo. Esos eslóganes son imposibles de refutar, y si uno lo intenta, la consecuencia de eso es, como ya vimos, que uno  aparece frente a los buenistas como una mala persona, insensible al dolor y sufrimiento de los demás.

Parece ser que esto de los eslóganes es lo que más gusta y acomoda a los buenistas progres. Lo único que hacen es quedarse en la indignación, en la  queja, en la denuncia, etc. Lo único que hacen es expresar y evacuar su rabia y enojo a través gritos, eslóganes, consignas, pancartas, cánticos y otros. Ese  parece ser el lugar en donde más cómodos se sienten. Parece ser que la discusión racional, los argumentos, la verdad y la evidencia, es una cuestión  demasiado trabajosa, incómoda y hasta dolorosa.

Algunos ejemplos:

He aquí algunas citas textuales de estos buenistas progresistas, los cuales inundan y atiborran la discusión pública. Es imposible conversar con un buenista progre sin que, casi de manera automática, diga cosas como las que citaremos a continuación.

Un ejemplo prácticamente perfecto, es el extracto de ​un  popular libro escrito un periodista chileno (el cual, la verdad sea dicha, tiene  bastante talento a la hora de escribir) y que se encuentra en el diario digital “el  desconcierto”:

“Protección es lo que no tuvo Sandra cuando le rompieron la chapa a la casa de su papá para embargarla por estudiar con el CAE una carrera que ni  siquiera pudo terminar. Sandra, que estudiaba y a la vez trabajaba ganando el  miserable sueldo mínimo, hoy tiene dos hijos y su sueño es que ellos no se  mueran de susto por la noche, al tratar de dormir, pensando en que mañana  podrían entrar a su casa sin golpear para saquear lo que tanto ha costado comprar por haber cometido el crimen de querer estudiar, saber más, aprender. Su combate, su lucha, hoy es contar su historia. Es abrazarse con su  padre, un obrero de la construcción que el día del embargo tuvo que dejar  tirada la obra para correr y rogar que no se llevaran su lavadora, su  refrigerador, su living, porque para volver a comprarlo podrían pasar meses, años, décadas en que la vida se le podía extinguir.

La lucha de Nancy Guzmán, la periodista que sufrió todos los males que una sala común de un hospital público puede ofrecer, esas salas donde la gente se  muere luego de meses estando tirada sin ser operada, fue lograr que sus compañeras de sala no se quedaran calladas, humilladas, cuando un doctor se riera en su cara por querer saber cuál es su diagnóstico y si algún día las van a  llevar al pabellón reservado para los que tiene más. El combate de Nancy fue preguntar por qué la estaban pinchando con una aguja que le rajaba la carne,  por qué a los pobres los pinchaban con lo más barato; fue reclamar cuando  escuchó a los médicos discutir que quién iba a comprar la carne del asado de la noche mientras informaban jocosos a una compañera que le iban a amputar  una pierna. Su batalla fue gritar que no es normal que la atención pública se  convierta en un matadero porque no se tiene plata para pagar por una clínica  que te trate como persona”.​ (1). 

Otro caso que muestra muy clara e ilustrativamente el fenómeno que venimos describiendo, es parte de una columna escrita por el mismo periodista y  publicada en el mismo medio:

“​Sí, Chile es un país culiao, en Santiago y también en las regiones. Es un país  culiao en Calama, donde hoy la familia de una mujer suplementera de treinta  años debe asumir su muerte luego de que pasara veinticinco horas en trabajo de parto. ¿De qué va a servir la denuncia por negligencia médica que realice su  familia? ¿Cuánto eco va a provocar en las esferas del poder la pregunta de por  qué en esas veinticinco horas no se le hizo una cesárea? Chile es un país  culiao, porque estamos seguros de que si esa mujer hu​biera sido una mujer de  la clase alta, de las siete comunas donde casi nadie gana menos de trescientos mil pesos, no se hubiera llegado a la muerte, y si hubiese ocurrido la tragedia, la muerte hubiese sido un escándalo nacional. Pero Paola Coria, de Calama, no  tenía isapre, era una más de las que llegan rogando al hospital de su ciudad, una más de las víctimas mortales –porque en Chile el Estado mata- del país  culiao que le gana en desigualdad incluso a México y Estados Unidos.  Chile es un país culiao también para los papás de Juan Eduardo Trujillo  ¿Cómo no va a ser culiao un país que está tan acostumbrado a perseguir a los  que se quedaron sin plata, que permite que un banco –el Banco Falabella-  mande cartas y haga llamados cobrándole a un muerto aun cinco años después  del último suspiro? Es un país culiao ese al que hay que pelearle en tribunales  para que te dejen tranquilo, piensan hoy los padres de Juan, luego de lograr  una condena contra el banco de la familia más rica de Chile por 40 millones  por el acoso y el hostigamiento; el mismo acoso y hostigamiento sufrido por los estafados por el crédito Corfo, esos que por estudiar fueron embargados  por el mismo banco luego de no poder pagar cuotas con altas tasas de interés  y repactaciones irregulares. (…)

Sí, país culiao, reafirma, cada vez más convencida la señora de las sopaipillas, echando la talla con las siete lucas que le va a devolver la colusión del Confort,  esa miseria que no le alcanza ni para el diez por ciento de sus partes pero que deja a los coludidos con un rostro blanco y un descaro amplio. País culiao gritan los integrantes del Movimiento de Defensa de Valparaíso, que protestan  porque la Conaf no los deja limpiar los caminos cortafuegos de Laguna Verde, multándolos por cortar los pinos inflamables, dando cauce así al peligro acechante de un incendio.

País culiao, piensan tantos que a esta hora hacen las monedas para irse para la casa, rumiando contra los tan pocos que tienen tanto y que hacen tanto para  que los de abajo sigan siendo las únicas víctimas de que este sea un país culiao, uno que enrabia, indigna y duele tanto y más tanto. Un país en el que todo lo  aquí descrito pasa en apenas una semana”. (2) Otro ejemplo, casi perfecto, es el siguiente post, que se viralizó y se hizo muy popular en facebook:    

“Puta que es fácil decir que no es la forma cuando nunca te ha faltado que comer, cuando no has tenido que esperar un día en urgencias para que te  atiendan y que cuando te atiendan sea en un pasillo y como las weas, cuando en tu colegio te dan una educación de calidad y lo único que tienes que  preocuparte es de estudiar y que vas a ir comer con tus amigos el viernes después de clases .    

Fácil es opinar sobre el daño que se le está haciendo al medio ambiente con  las manifestaciones pero te demoras más de 30 minutos en la ducha, cuando  lo único que esperas es salir de clases para ir a burger o al mc , cuando jamás  has recogido un papel del suelo, hablando del daño que se le hace a  trabajadores cuando ni siquiera te sabes el nombre o saludas a los auxiliares de tu colegio.    

Hablando de violencia???, “la violencia solo genera mas violencia” claro que  solo genera más violencia porque nos cansamos de que se pasen por el pico  todo con tal de tener el último celular, el mejor auto, la casa más grande.   VIOLENCIA  es ver a tu mamá llorando porque no le va a alcanzar pa fin de  mes,   violencia es que gente de 75 años se saque la chucha trabajando para poder  comprarse los remedios,  

VIOLENCIA es esperar más de 8 meses para una hora al doctor,   VIOLENCIA es que los estudiantes de quintero cierren su año escolar por  enfermedades respiratorias,  

VIOLENCIA  es tener que pagar por una educación de calidad,   VIOLENCIA es que un cura viole a un niño de 3 años.  

VIOLENCIA es que 33 mineros quedaran atrapados por culpa de un  empresario que quería llenarse los bolsillos con plata,  

VIOLENCIA es que los grandes empresarios destruyan nuestros bosques y ríos,  

VIOLENCIA  es matar al pueblo mapuche, 

VIOLENCIA es lo que están haciendo los de arriba con los de abajo,   VIOLENCIA NO ES SALIR A LA CALLE A EXIGIR DIGNIDAD”.   

Me gusta citar textual y extensamente, para así ser fiel a la realidad, por el  riesgo de ser acusado de que estoy criticando cosas que nadie jamás ha dicho,  y que todo esto me lo estoy inventando o que son simplemente mis prejuicios. Como el lector podrá apreciar, en los textos citados, están todos los elementos  que ya he descrito: la indignación, los relatos dramáticos, el echarle la culpa a alguien, “los más ricos”, y el típico discurso de lucha de clases, además de no  ofrecer ninguna solución real o factible para lograr que los más pobres vivan mejor.

¿Cuáles son las causas del buenismo progresista?

Ahora, ¿cuál es el problema de fondo con todo esto?, ¿A qué se debe este pensamiento buenista y estas actitudes tan adolescentes, poseras e  intolerantes que se dan en la gente, pero muy especialmente en los jóvenes?

Me aventuro a decir que las razones son básicamente dos. En primer lugar, el predominio de la emocionalidad por sobre la racionalidad y, en segundo lugar,  la casi absoluta ignorancia en materia económica.

Adicionalmente, me parece  que se podría hacer una mención especial (un ​bonus track, como dicen) para el proselitismo y propaganda política que se esparce día a día en los colegios, particularmente en clases de historia y también en las universidades en cátedras de humanidades y ciencias sociales.

Razonamiento fácil:   

Veamos lo primero. El predominio de las emociones por sobre las razones, los argumentos, la lógica y la evidencia, es en realidad algo muy común en los  seres humanos. Somos, fundamentalmente, seres emocionales y tenemos una inclinación a querer hacer el bien a los demás. Todos queremos estar en la  buena onda, ser buenos y bienintencionados; en definitiva, ser buenas  personas.

Por lo tanto, es natural que, escuchar sobre algún problema e informarnos respecto a él, simplemente sigamos nuestros instintos y  planteemos soluciones que no necesariamente funcionan en la realidad, sino que se simplemente nos hacen sentir bien. Si algo se siente bien, es porque debe estar bien.

Esto se debe, en parte, a la forma que tiene de funcionar nuestro cerebro. Los seres humanos tenemos dos sistemas de procesamiento intelectual. Este  descubrimiento y constatación científica se la debemos a Daniel Kahneman, psicólogo y premio nobel de economía y está explicado en su libro ​Think fast  and slow .

El sistema 1 funciona de manera rápida y automática. El sistema 2 funciona sobre la base de la reflexión y requiere más tiempo. El sistema 1 crea historias  para explicar los hechos; el 2, por el contrario, maneja conceptos abstractos, como los principios y las regularidades científicas que nos ayudan a explicar  cómo funciona la realidad (entre ellos, por supuesto, las leyes de la economía). El sistema 1 utiliza la rapidez para responder a situaciones de crisis. El sistema  2, en cambio, permite la reflexión y la consideración de un panorama más amplio, de las opciones disponibles, sus pros, sus contras y sus consecuencias.     Es por esto que, frente preguntas del tipo, “¿te parece justo que una mujer con 4 hijos que no puede pagar sus cuentas y trabaja 45 horas a la semana  gane apenas poco más del salario mínimo y que otra persona gane 10 veces esa cantidad y más encima use esa plata para comprarse cosas que no  necesita?”. Intuitivamente, nuestra primera reacción, es decir, obviamente, que no, que esa mujer debería ganar mucho más y que hay que quitarle al que más  tiene para dárselo a ella. Eso es porque estamos utilizando nuestro sistema 1. Pero la verdad es que no estamos analizando, detallada y detenidamente cuáles  son las causas de que una persona gane una cantidad determinada de dinero o  de que otra persona gane tanto más o tanto menos que ella.

Nuestro sistema 1 nos lleva a sacar conclusiones apresuradas. Es, precisamente, porque usamos el sistema 1 para pensar y tomar decisiones que  no logramos entender cómo funciona la economía y, en consecuencia, creemos que alguien se está llevando, acaparando y acumulando la riqueza. Por lo tanto, lo que hay que hacer es, primero, quitársela y, segundo, distribuirla.

Esto nos lleva a la segunda gran causa del buenismo progresista y de la popularidad de las ideas y propuestas izquierdistas redistributivas.

Economía: ciencia de la decepción:

Por otro lado, están los prácticamente nulos conocimientos que la mayoría de la gente muestra en materia económica, los cuales los lleva a sacar  conclusiones absolutamente equivocadas. Por conclusiones equivocadas me refiero a atribuir ciertos hechos, que son los resultados (pongamos como  ejemplo la pobreza, el endeudamiento o simplemente la situación de tener ingresos más bajos de los que se esperaban o que no le permiten a una persona satisfacer todas sus necesidades las cuales, en una sociedad moderna se van complejizando) a otros hechos que no tienen ninguna relación de  causalidad y que ni siquiera tienen relación con ese resultado (como, por  ejemplo, las supuestas “utilidades excesivas de una empresa”).

Esto se debe en  parte a que la mayoría de las personas nunca se ha detenido a leer un libro o manual de economía y que esta disciplina no es siquiera mencionada en los currículums escolares. En consecuencia, grandes segmentos de la población  no conocen conceptos básicos. Para el común de la gente, conceptos como “utilidad marginal”, “costo de oportunidad”, “liquidez”, “ley de oferta”, “ley  de demanda”, “tasas de interés”, etc. Son cuestiones muy abstractas y ajenas.

De hecho, entre los graduados universitarios y los profesionales, también es trágicamente habitual ver cómo no conocen los principios más elementales de  la economía como disciplina.

La consecuencia de esto es que crean que la  economía, es decir, el conjunto de bienes y servicios o de riqueza que hay en  un territorio en determinado momento, es algo estático, fijo e inmutable, una  torta, algo que está ahí, que siempre estuvo ahí, que siempre estará ahí y que  simplemente hay que repartirlo. “El problema no es que no haya plata, la hay y  mucha; lo que pasa es que está mal repartida”. Por lo tanto, si hay personas  que son pobres, lo único que hay que hacer es quitarle a los que más tienen  para, así, distribuirlo. Listo, problema solucionado.

Lo cierto es que esas conclusiones, muy naturales y espontáneas en cualquier el ser humano, pese a ser algo absolutamente intuitivo, son un algo absurdo.  Lo cierto es que la condición natural del ser humano es la pobreza y la miseria más absoluta y abyecta, aquella del hombre de las cavernas. La riqueza es algo  que hay que explicar: es artificial, hay que crearla, o acaso todas las casas, edificios, automóviles, aviones, medicinas, luz eléctrica, comida,  computadores, teléfonos celulares, internet, etc. ¿existieron desde el principio de los tiempos? No. Hubo que crear todo eso. ¿Cómo se creó? Básicamente, a  base de combinar factores de producción, es decir, trabajo humano, bienes de capital (los cuales se consiguieron gracias al ahorro) y conocimientos  científico-tecnológicos.

La verdad, es que si uno lo piensa, creer que la economía es algo así como una torta fija que hay que repartir, es tan intuitivo, pero al mismo tiempo tan absurdo, como creer que las sequías, los terremotos, estallidos volcánicos y eventos similares son consecuencia de un castigo divino, de un dios que se enojó con nosotros y nos envió eso para condenarnos. Es como creer que el origen de la tierra, es tal y como dice la  biblia, o sea, que a alguna voluntad se le ocurrió crear el mundo en 7 días y que, después, creó a un hombre, del cual sacó una costilla para crear a una  mujer y bla bla bla.

Richard Epstein resume esta ignorancia económica de la siguiente forma: “El gran error de toda la empresa igualitaria es que mira la  distribución justa primero y la producción de riqueza al final. Este orden debe ser invertido, y debe serlo ya”.

La verdad, es que, por lo general, los ingresos de una persona son el reflejo de lo que esa persona ha producido. Los salarios, por ejemplo, son una relación  de la productividad, es decir, de la riqueza que una persona es capaz de crear  Si una persona gana una cantidad de X dólares, por ofrecer y vender  libremente sus servicios (como lo hacen las así llamadas profesiones liberales, como, por ejemplo, un dentista, un médico, un ingeniero, un arquitecto, un  abogado, etc.) no es porque a esa persona se le esté asignando un ingreso de X dólares ni porque alguien se lo esté dando o donando ni porque haya alguien  decidiendo que esa persona va a ganar X dólares, sino que esa persona ha creado una cantidad de riqueza, que se expresa en dólares y que vale X.  Porque lo que esa persona le está entregando a aquel que consume el bien o servicio lo satisface tanto y lo valora tanto, que está dispuesto a pagar X  dólares por ese bien o servicio.

Lo mismo ocurre con el sueldo de un trabajador: si su sueldo es Y dólares, no es porque alguien ha decidido que su  sueldo va a ser Y dólares, sino que porque la riqueza que ese trabajador ha creado, expresada en dólares, vale Y.

Exactamente lo mismo pasa con las utilidades de una empresa: si una empresa tiene utilidades por Z dólares, es porque esa empresa ha creado una cantidad de riqueza que, expresada en  dólares, vale Z. Vale Z porque los consumidores valoran tanto ese bien o servicio, que están dispuestos, voluntariamente, a pagar Z dólares por ese  producto.

Es por esto que resulta tan absurdo que se diga y repita (todo el día, a toda hora, en todos los canales de televisión y en todas las redes sociales) que un grupo, el 1%, se “lleva” tal o cual cantidad de dinero o tal o cual porcentaje del PIB. Es absurdo porque ese dinero, el cual en realidad es riqueza expresada en unidades monetarias que llamamos dinero, no está simplemente ahí, esperando para que alguien se lo lleve, sino que alguien tuvo que haberlo creado. Si quienes lo tienen, lo obtuvieron por la vía de medios lícitos, es decir, la contratación libre y voluntaria, exenta de fraude o estafa y  sin haber obtenido privilegios arbitrarios del Estado, como, por ejemplo, información privilegiada o contratos para ejecutar obras públicas innecesarias,  es porque, efectivamente, esas personas, ese 1% creó esa riqueza.

Cuando se  dice que el 20; 10 ó 1% más rico concentra tal o cual porcentaje de la riqueza  lo que se está pensando, es que hay una cantidad de riqueza estática, una  “torta” fija y que hay alguien, alguna voluntad humana que está decidiendo desde arriba cuánto va para cada persona y que, por puro capricho, decide  arbitrariamente darle más dinero a un porcentaje pequeño y darle muy poco al  porcentaje más mayoritario. Si así fuera, efectivamente, sería la situación más  injusta del mundo. Pero la realidad no es esa: quienes, por la vía honesta, han  hecho una fortuna, han creado esa riqueza. Y si tenemos a un porcentaje  grande de la población, que recibe como ingreso un porcentaje bajo del PIB,  es porque ese es el valor de su productividad, es decir, de la riqueza que ellos han creado.

Esto, contrario a lo que se dice tanto en los medios de comunicación, no está necesariamente relacionado con el esfuerzo personal: que una persona sea poco productiva y, por lo tanto, gane un salario bajo, no se debe a que sea floja o poco esforzada. Normalmente, se debe al exceso de oferta de trabajo en relación a su demanda (la cual está relacionada con las tasas de capitalización), a la poca calificación laboral o poco capital humano y a la poca tecnología y conocimientos científicos utilizados en un proceso productivo.

Es realmente curioso que se hable de desigualdad económica y se la señale per se como injusta. ¿Por qué sería injusto que una persona cree una empresa  (de lo que sea) y se haga multimillonario a costa de vender un producto a personas que lo valoran tanto como para pagar por él?

Si uno crea una  empresa que vende, por ejemplo, jabones o desodorantes, y se hace multimillonario gracias a las ventas de ese producto, lo que va a pasar es que  ese enriquecimiento, evidentemente, generará desigualdad para con aquellos que tienen menos, pero ¿es eso injusto?. Si no fuera por ese empresario(a), no  habría jabones ni desodorantes, con lo cual todos estaríamos peor, o bien, estaríamos en una situación donde hay pocos o menos oferentes de jabón y  desodorante. Por tanto, los precios del jabón y del desodorante serían más altos e inaccesibles para las masas. ¿Sería más justa la segunda situación?, en  donde o bien no hay jabón o desodorante, o bien estos son demasiado caros para la gente de bajos ingresos ¿Acaso es injusto que Jeff Bezos o Mark  Zuckerberg (alguien que realmente no es de mi simpatía) se hayan vuelto de los hombres más ricos del mundo por haber creado un servicio (Amazon y  Facebook respectivamente) que las personas usan todos los días?

Lo más curioso de todo, es que quienes, efectivamente, se enriquecen a costa de todos los demás, sin crear valor para el prójimo, son precisamente quienes  están en el Estado: aquellos que ostentan grandes puestos de gerencia o en los directorios en empresas públicas deficientes, que año a año registran pérdidas  en sus balances, y que si fueran empresas privadas, ya habrían quebrado hace  mucho tiempo (pero eso es algo que los generosos contribuyentes no  permitirían); o aquellos empresarios prebendarios (comúnmente llamados  empresaurios), tan amigos de gobiernos y políticos, que se enriquecen gracias  a los contratos, concesiones, subsidios, rescates (​bailouts ​) y otros privilegios  concedidos por el Estado, mediante arreglos de dudosa legitimidad con el  poder político. Pero, curiosamente, lo que los buenistas y progresistas  vociferan es más poder para el Estado y mayor centralización de las decisiones  económicas en aquella élite de políticos y funcionarios públicos que llamamos  Estado. ¿Tiene esto algún sentido?

Esta ignorancia económica se debe, en parte, a que la economía es una  disciplina no tan fácil de entender, como, efectivamente, le puede parecer a  alguien que se ha dedicado a estudiarla por largo tiempo. Porque el  funcionamiento de la economía, y sobre todo de los incentivos (es decir las  causas o motivos psíquicos que existen para crear riqueza) son algo que no se  puede ver directamente. Un ejemplo de esto,​ es lo que ocurre cuando el  estado le baja los impuestos a las empresas: lo que tú ves es solamente eso, la  bajada de impuestos (y, por lo tanto, da la impresión de que el estado le está  “regalando” el dinero a los más ricos), pero lo que no se ve es que cada dólar  que no se paga en impuestos, es reinvertido y, por lo tanto, genera más  empleos, alza de salarios y más cantidad de productos que entran en  competencia con otros, forzando los precios a la baja, los cuales, satisfaciendo  necesidades (como en el ejemplo del jabón o desodorante), enriquecen a la  masa. Otro ejemplo, e​s lo que sucede cuando se fija un determinado sueldo  mínimo: al fijarse, uno puede ver directamente cómo una persona con un  sueldo mínimo aumenta sus ingresos, pero lo que no se ve, es cómo aumenta  el desempleo, producto de todas las personas que se dejan de contratar (ya que  su productividad es menor a la del sueldo mínimo fijado), porque,  precisamente, como esos trabajadores no fueron contratados, eso es algo que  no se ve directamente. Otro caso que nos muestra muy claramente esto, es la  fijación de precios: cuando éstos son fijados por ley, lo que uno ve, es  solamente que un determinado bien no puede, por orden de la autoridad,  subir de cierto precio, pero lo que no se ve es que va a haber más demanda  por ese bien a la vez que su oferta se reduce, lo que provoca escasez y, en el  largo plazo, la rentabilidad de vender ese producto desaparece, con lo cual los  empresarios dejan de producirlos, dando lugar a todavía mayor escasez. ​Otra  situación que ilustra esto,​ es el crecimiento, la riqueza y los empleos que  surgen después de un terremoto o una catástrofe natural. Cuando se produce  una destrucción total, tú ves directamente toda la riqueza y los empleos que se  crean, pero tú no ves toda la riqueza y empleos que se crearían si ese desastre  no se hubiera producido, los cuales, sumados a todo lo que no se hubiera  destruido, sumaría un conjunto, un stock, de riqueza mucho mayor y, por  tanto, no se ve toda la riqueza que tendría la sociedad en su conjunto si no se  hubiera producido la catástrofe. Otro caso que ilustra perfectamente esto, es  lo que pasa con el gasto en obras públicas para crear empleos: claro, uno ve  los empleos que se crean a partir del gasto público, pero lo que no se ve, es  que ese gasto público se financia, ya sea con más impuestos, lo cual extrae  recursos desde el sector privado, o con más deuda pública, lo cual significa  mayores impuestos en el futuro o mayores tasas de interés, lo cual significa  encarecer el endeudamiento. Otro ejemplo es el de los créditos blandos, vale  decir, facilitados por el estado a tasa de interés bajísimas: lo que se ve son los  créditos que el estado otorga para pequeños proyectos empresariales, pero lo que no se ve, es ​que la consecuencia de esto, es desviar recursos desde  proyectos con los que los agentes económicos habrían generado valor a otros  que lo destruyen.

En fin, me parece que ya hemos explicado lo suficiente esta idea  de que las consecuencias inmediatas y de corto plazo, tienden a predominar  mucho más en la mente y el razonamiento de las personas, que las verdaderas  consecuencias en el largo plazo de tal o cual política económica. ​Pero, en  síntesis, lo que ocurre es que las personas que no saben poco o nada de  economía (y también los economistas malos, mediocres y poco serios), cuando  ven un efecto o resultado económico, no saben explicarlo, porque ellos  solamente atribuyen como causa de esos hechos o resultados, todo aquello  que ellos pueden ver directamente. Pero es precisamente lo que no se ve,  aquello que es causa y que explica ese resultado.

Este último punto es central. Debemos intentar ser capaces de explicar un fenómeno a base de una relación causa-efecto. Y esa explicación será verosímil en la medida en que verdaderamente describa, mediante una cadena lógica, por qué es que un hecho se deriva del otro.

Urge que haya mayor educación económica entre la población, sobre todo en los estudiantes secundarios, los cuales egresan de las escuelas sin haber tenido una clase de economía y sin haber sido obligados a leer algún manual de economía en sus vidas. Especialmente, es necesaria la educación económica entre los estudiantes universitarios, los cuales, en su gran mayoría, no son capaces de manejar conceptos económicos, con lo cual se limitan a repetir, cual papagayos, lo que escucharon de tal o cual economista. Como dijo  , “la principal razón para estudiar economía, es no dejarnos engañar por las mentiras de los economistas”.

Me parece que hay que tener claro lo siguiente: para construir un puente, no se  pueden ignorar las leyes de la física. Por lo mismo, para poder resolver  problemas económicos, no se pueden ignorar las leyes de la economía.

¿Cómo hablar con un buenista progre?:

Ahora bien, ¿cómo puede uno hablar con un buenista progre?, ¿cómo puede  uno mostrarle, por ejemplo, las ideas liberales-libertarias y decir que ciertas  ideas y fórmulas funcionan en la realidad mejor que otras?. La verdad es que  no lo sé, porque no tengo todas las respuestas, pero al menos puedo  imaginarmelo.

Me da la impresión de que lo primero que hay que hacer con un buenista  progre, es convencerlo(a) de que uno, en realidad, contrario a sus arraigados  prejuicios, no es una mala persona, indiferente al dolor de los demás y que,  muy por el contrario, quiere lo mismo que él o ella. Que en realidad, todos  queremos el bienestar del prójimo. A todos nos duele ver cómo los demás  sufren. Todos queremos que a nadie le falta lo que necesita. Todos queremos  que nadie se enferme, que todos puedan vivir en una buena casa, que tengan  un refrigerador lleno, que puedan tener acceso a la mejor atención médica  posible, que puedan tener acceso a los medicamentos que necesitan, que todos  los niños tengan una buena educación básica y secundaria, que la gente pueda  estudiar las carreras que les gustan, que puedan perseguir sus sueños, etc.  Como dijo Ludwig Von Mises, la diferencia entre  liberales y socialistas no  está en los fines, sino en los medios para alcanzar esos fines.

Después, creo que lo segundo que hay que tratar de hacer, es explicar los  principios más básicos y elementales de la economía y por qué es que,  precisamente, el capitalismo liberal, es decir, la propiedad privada, la libertad individual, la apertura comercial, los impuestos bajos, la baja carga regulatoria,  la flexibilidad laboral, la inflación baja o casi inexistente y las reglas jurídicas  claras, estables por mucho tiempo, son las que crean mayor inversión, mayor  riqueza, mayor cantidad de bienes y servicio a un menor precio, mayores  salarios reales y, por lo tanto, mayor bienestar para el prójimo.

Hay que tratar de explicar esta compleja y abstracta idea de “la mano invisible”  de Adam Smith, es decir, de cómo, en una economía de mercado, la única  forma en la que una persona auto-interesada puede enriquecerse, es sirviendo  al prójimo y enriqueciendo a las masas.

Hay que tratar de mostrarle a las  personas que es precisamente la propiedad privada, el lucro y la competencia  en el sector privado lo que hace que un bien sea más barato y de mejor calidad  (lo que enriquece a las masas), precisamente porque el beneficio y el ingreso,  es decir, el lucro (​profit ​) que una persona va a obtener, está directamente  relacionado con la calidad del bien que va a ofrecer y que si uno no satisface  las necesidades del consumidor, él se irá con otra empresa y que, por lo tanto,  el incentivo del empresario, es siempre satisfacer las necesidades del  consumidor de la manera menos costosa posible.

Es importante describir por qué una persona solamente es cuidadosa y diligente cuando lo que administra es de su propiedad. Si no, imagínese que a  usted le dan una cantidad X de dinero para que lo invierta en lo que sea, pero los beneficios (o las pérdidas), que se reflejan en el balance de esa empresa, no  van a ir para usted, sino que a usted le van a pagar un sueldo fijo, ya sea que lo haga bien o que lo haga mal: ¿qué tan cuidadoso a va a ser usted si es que, pase lo que pase, no va a asumir ningún costo por administrarlo mal? (sorpresa: eso es exactamente lo  que ocurre en la administración pública y en las empresas del estado). Hay que explicar que estos principios y regularidades se aplican a todos los bienes  económicos, incluyendo los servicios de salud, educación y pensiones. Es importante decirlo porque, al final, lo que queremos son determinados  resultados de utilidad social, sin tener que importarnos mucho quién logra esos resultados, sea el mercado o el Estado (“no importa el color del gato, sino que cace ratones”).

Hay que decir también que nunca en la historia ha habido un sistema económico que implique que, para  poder alcanzar una posición de mayor riqueza que los demás, primero tangas que haber beneficiado a otros. Hay que explicar que, antes del capitalismo liberal, verdaderamente quien nacía pobre, moría pobre, porque las posiciones sociales estaban dadas por jerarquías arbitrarias establecidas por ley y por los vínculos de sangre, cosa que cambió gracias al surgimiento de la economía de mercado.

También hay que tratar refutar esta falaz idea de que la economía es un juego de suma cero, es decir, que la riqueza está dada, está ahí, siempre estuvo ahí y  siempre estará ahí y que, por lo tanto, el problema no es que no haya plata, sino que está mal repartida. Hay que hacer que las personas se den cuenta de  que la riqueza es totalmente artificial, que alguien tuvo que crearla y que sólo la creó si es que, efectivamente, tenía incentivos para hacerlo. Hay que decir que la historia de la humanidad fue siempre la historia del hambre y la miseria, hasta poco antes de la revolución industrial y que ésta se desató precisamente  en un contexto de libertad económica.

Pienso que hay que tratar de explicar, también, que para que las personas ganen más (entre muchos otros factores), en primer lugar, tiene que haber  muchas empresas que necesiten más fuerza laboral, es decir, que la demanda por trabajo sea mayor que la oferta, porque eso fuerza los precios (es decir, los  salarios) al alza, y que para que eso ocurra tiene que haber impuestos bajos y regulaciones que no aumenten los costos de emprender, vale decir, que no  disminuyan su rentabilidad.

Hay que decir que, efectivamente, existen empresarios abusadores,  extractivistas y rentistas que se aprovechan de ventajas ilícitas e indebidas para  poder forrarse. Pero lo que hay que explicar, es que esos empresarios  requieren precisamente del poder político para obtener privilegios arbitrarios. Sin la ayuda del poder político, es decir, del Estado, es imposible obtener privilegios arbitrarios. Milton Friedman dijo en una entrevista: “los dos mayores enemigos del libre  mercado, son los intelectuales y los grandes hombres de negocios”. Hay que explicar, precisamente, que el libre mercado, no se trata de defender a las  grandes empresas (que son las más perjudicadas por la libre competencia).

Otra cosa que es importante explicar a estos buenistas progres, es que, los casos de colusión, son precisamente culpa del Estado, que impone  regulaciones que hacen carísimo y poco rentable emprender. Por tanto, al ser poco rentable, hacen que haya menos competencia, permitiendo que unas pocas empresas  dominen el mercado y puedan coludirse.

También hay que explicar que, incluso para poder redistribuir riqueza en una sociedad, primero hay que crearla. No al revés. No se puede redistribuir la miseria. De lo contrario, ¿a quién va a cobrarle impuestos el fisco si nadie está obteniendo ganancias?. Si el sector privado genera menor riqueza, el fisco también recauda menos y tiene menos para hacer política social.

Ahora bien, este intento por tratar de enseñar y explicar los principios de la economía, debe ser realizado muy cuidadosamente. ¿Por qué? Bueno, por un  lado, porque es muy fácil que las palabras de uno sean malinterpretadas (o derechamente tergiversadas). Pero, por otro lado, y esto es más importante,  cuando estas ideas no se transmiten correcta y pedagógicamente, lo que ocurre, es que uno termina sonando como un cruel y un desalmado, es decir,  los progres tenían ese prejuicio y lo terminan confirmando. Si hay algo por lo que pasará a la historia el gobierno de Sebastián Piñera, es por sus lastimosos  errores comunicacionales (“por qué no hacen un bingo”, “se pueden levantar más temprano”, “para los románticos, las flores están más baratas”).

El típico ejemplo de lo anterior se da cuando se habla de la productividad o de  as pensiones. Cuando uno dice que la productividad de los trabajadores es  muy baja y que por eso gana el bajo sueldo que gana, o que una persona tiene una pensión mala porque ahorró muy poco durante su vida económicamente activa, hay que aclararle al interlocutor, que eso no significa que uno esté diciendo que los trabajadores son flojos y, en consecuencia, ganan poco.

La tercera cosa que uno podría intentar hacer y que puede ser de mucha utilidad al hablar con los buenistas progres, es que las mentiras y falsedades  que se dicen y repiten una y otra vez en todos los medios de comunicación existentes,  hay que refutarlas y decir cuáles afirmaciones son objetivamente  falsas y cuáles son ciertas (serán objetivamente falsas o ciertas, en la medida en que haya información y fuentes fiables que respalden tal o cual afirmación).

Dos ejemplos, me parece, magistrales, de cómo alguien derriba mitos y falacias diciéndole directamente “Eso es mentira” a alguien que está propagando una falsedad, mostrándoles que la evidencia muestra exactamente lo opuesto, fue Axel Kaiser en los dos siguientes videos. A más de alguno, nos cambió radicalmente nuestra perspectiva y nos hizo cuestionarnos muchas cosas.

 

  1. https://www.youtube.com/watch?v=ovhxYo4YHy4
  2. https://www.youtube.com/watch?v=UsI5hWViG8U

 

Lo importante, aquí, es no dejar pasar las enormes mentiras y falacias que, de  tanto repetirlas, quedan impregnadas indeleblemente en la mente de los  jóvenes. Cuando algo es falso, es necesario levantar la voz y decir “eso es  mentira”.

¿Será posible convencerlos o son solamente esfuerzos en vano?: 

Pero la verdad es que es bastante difícil tratar de dialogar tranquilamente con  un buenista progre.

¿Por qué? Bueno, porque ellos están embargados por un afán adolescente de querer salvar a la humanidad. Ellos están total y  absolutamente convencidos de que tienen las respuestas a los problemas que aquejan la vida humana. Además, vienen ya preparados por un cierto  contenido ideológico y con una gran batería de eslóganes y consignas. ¿Cómo  puede uno hacer que un creyente, dominado por emociones más que por razones, cuestione sus dogmas de fe a fin de presentarle una visión u opinión distinta? Después de todo, ellos están haciendo historia o, mejor dicho, ellos son los que están cambiando y reescribiendo la historia, llevándola a la dirección correcta. Como dijo Douglass North, las ideologías son materias de fe antes que de  evidencia, y subsisten pese a las abrumadoras pruebas en contrario.

Dicho sea de paso, esto es particularmente notorio en los jóvenes universitarios. ¿Por qué? Por dos razones, me parece. La primera es que los jóvenes (casi por definición) siempre creen que tienen la razón en todo, mucho más sabios por supuesto que sus ignorantes padres o que las otrora respetadas autoridades escolares, por ejemplo. La segunda es porque hay una tendencia en los estudiantes universitarios, a creer que ellos son algo así como  la élite intelectual de la sociedad. De ahí que, como se dijo más arriba, califiquen como estúpido a aquellos que no comparten sus ideas. Entonces, poseídos por esos aires de arrogancia del universitario promedio, es difícil que ellos abandonen sus posturas iniciales (a este respecto, recuérdese aquella  franja presidencial de Alberto Mayol diciendo “no entiendes nada”, en la que  demuestra ese sentimiento de soberbia).

Sólo nos queda esperar que estas personas, las cuales pueden tener las mejores intenciones y que perfectamente pueden ser una mayoría abrumadora, lleguen  a cuestionarse que, tal vez, ellos no son seres de una inteligencia y un  moralidad suprema. Es de esperar, también, que puedan ver en quienes no  piensan como ellos, no a alguien, ya sea maligno o estúpido e ignorante, sino simplemente una visión distinta y que posiblemente, tal vez y sólo tal vez,  pueda tener una mínima pizca de razón. Que sólo tal vez, las ideas y recetas  libertarias, son las que mejor logran aquellos fines que todos (al menos todos  aquellos de buen corazón) compartimos.

 

Referencias:   

(1)  https://www.eldesconcierto.cl/2018/11/13/los-nuevos-combatientes-de-lostiempos-peores/

(2)  https://www.eldesconcierto.cl/2017/04/05/pais-culiao-la-columna-de-noesn alaferia-que-repasa-chile-de-norte-a-sur/

(3) ​https://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI?locations=CL

(4)​ https://datosmacro.expansion.com/estado/gasto/educacion​

(5)  https://www.cepchile.cl/cep/site/docs/20181115/20181115124945/dpp_03 1_noviembre2018_jjbrunner_jlabrana.pdf​ 

(6)  http://accioneducar.cl/wp-content/uploads/2016/08/Evolución-reciente-dela-cobertura-de-la-educación-superior-en-Chile.pdf

(7) ​https://datosmacro.expansion.com/estado/gasto/salud​

(8) ​https://datosmacro.expansion.com/estado/gasto/salud/chile​

(9) https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160304/asocfile/20160304100656 /rev134_CSapelli.pdf​    

(10) https://www.youtube.com/watch?v=bey9jnthK4M

(11)  https://www.cepchile.cl/el-mercado-laboral-chileno-que-reformar/cep/201603-04/101312.html

(12) https://www.elmostrador.cl/noticias/2014/10/20/mercado-laboral-rigidez-e n-contratacion-en-chile-es-una-de-las-mas-altas-de-la-ocde

 

 

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FOTOS | “Digno de estudio científico”: comparan ayunos de Roxana Muñoz con la huelga de hambre del machi Celestino Córdova

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La modelo Roxana Muñoz hace 3 semanas comenzó un polémico ayuno de 21 días en donde solo ingeriría agua, lo cual fue relatando a través de su cuenta de Instagram.

En las redes sociales las críticas no tardaron en aparecer, donde muchos señalaron que ponía en riesgo su vida o este acto correspondía a una enfermedad mental, mientras que otros señalaban que se veía muy desanimada y sin energía en los videos que compartía en medio de su ayuno.

Además de las críticas a la modelo comenzaron las comparaciones, eso porque Muñoz se ve bastante demacrada con los 21 días sin comer, no así el machi asesino, Celestino Córdova, quién supuestamente permaneció casi 3 meses sin comer en una huelga de hambre y su estado físico no cambió mucho.

Twitteros hicieron mofa con la comparación en la red social del pajarito.

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Y acá estoy. Más viva que nunca. Junto a Loren Lockman. Respondemos todas sus preguntas. En mi último día de Ayuno.🥳🥳🥳🥳🥳🤐😁😁😁. Abrazo grande . Y Mañana mi primer día de Realimentacion. 👏👏💪💪💪💪 Ahora sí que se pondrá bueno, bueno!!! Y les tengo una pregunta : CÓMO TE VERÍAS TU CON 21 DIAS SIN COMER Y SOLO TOMAR AGUA ?

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Revisa acá las comparaciones:

Fuente: Radio Agricultura

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FOTOS | Twitteros reaccionaron furiosos contra Supermercado Jumbo por vender libro de izquierda y hasta José Antonio Kast sacó la voz

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Todo un conflicto se ha desatado en las últimas horas en redes sociales, luego que el supermercado Jumbo se posicionará como trending topic por un particular motivo: la venta de un libro infantil en el que se explica el origen de la Constitución actual y en el que se precisa que Augusto Pinochet “se tomó el poder a la fuerza” en el año 1973.

El libro de la discordia es “Las lecciones maravimágicas de Lulú”, ejemplar que fue “funado” por parte de los fanáticos del “Rechazo” , quienes acusan adoctrinamiento en los niños en cuanto al contenido del texto. Incluso, el ex candidato presidencial, José Antonio Kast, se refirió al hecho en sus redes sociales.

“En el año 1973, el jefe de las fuerzas armadas, Augusto Pinochet, encabezó el golpe militar que terminó con el gobierno de Salvador Allende, presidente elegido democráticamente. Pinochet se tomó el poder por la fuerza y promovió diversos cambios que beneficiaron a un pequeño grupo de personas y afectaron a miles de chilenos”, aseguró el libro, derivando en el enojo de los twitteros de derecha.

Fuente: El Periscopio

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FOTOS | Basura de ser humano: Natalia Valdebenito se burló del rostro de joven discapacitado y la hacen bolsa por miserable

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La miserable comediante ahora está arrepentida de lo que hizo.

Natalia Valdebenito enfrentó este fin de semana una dura polémica en redes sociales luego de responderle despectivamente a un usuario discapacitado que se refirió a los graves incidentes registrados en la región de La Araucanía.

“No es racismo ni fascismo! Fueron sólo vecinos que defendieron su ciudad de los terroristas, deja de defender a gente que se esconde detrás del glorioso pueblo mapuche real para hacer terrorismo!”, escribió un usuario mapuche a la comediante en Twitter.

La artista decidió responder el tuit, adjuntando una imagen del joven. “Con esta cara no podríamos esperar más eh. Bloqueado”, publicó Valdebenito.

Rápidamente la publicación comenzó a viralizarse y generar críticas, puesto que en la descripción de la cuenta del cibernauta se decía que se trataba de una persona en situación de discapacidad.

Luego de algunos minutos, Natalia decidió borrar la publicación. “Voy a borrar este tweet. No caché que la persona tiene discapacidad. No leí su bio. Me equivoqué”, escribió en un nuevo tuit.

Este lunes en la mañana la comediante utilizó su tribuna en la radio online Súbela, donde ofreció disculpas a la persona afectada, pero también reconoció que “tengo juicios y prejuicios en contra de la gente que es de derecha y ligada al fascismo, eso lo tengo que asumir como parte de dar la cara”.

“Me equivoqué y yo lo asumo. (Pero) No hice nada más que tratar de feo a una persona, no le corté el pelo en la pantalla, no le quité el sueldo, no le puse una pistola en la cara, no le grité en su cara nada más que algo que tenía que ver con su físico, y que ese fue mi error. Tampoco me confundo y tampoco creo haber hecho algo más”, afirmó Valdebenito.

Para finalizar la comediante afirmó que “Yo le pido disculpas a la persona porque me nace. No le pedí disculpas de manera cercana porque no lo es y me parecía que era poco honesto de mi parte, porque sólo había sido reírme de su físico, y lo que se transformó o lo que él logró con esto, es mucho mayor en mi contra, así que no veo por dónde haya que equilibrar las cosas y sólo pido disculpas por mi error”.

Fuente: El Periscopio

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