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¿Por qué la “librería popular” es una pésima idea? Explicado con manzanitas para incautos

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Las recientes iniciativas promovidas por municipios en orden a establecer farmacias, librerías o supermercados populares son una demostración muy clara acerca de cómo un alcalde puede engañar a sus votantes y aprovecharse de su ignorancia económica pare ofrecerles “regalos” los cuales de todas formas están pagando a través de impuestos. Sin duda esto es esperable de un alcalde comunista, pero no de alcaldes o funcionarios supuestamente de “derecha” que le han seguido el juego y celebrado la medida como perfectos imbéciles.

Milton Friedman decía que las políticas públicas no deben ser valoradas por sus intenciones sino que por sus resultados. Y para cualquiera con un mínimo de conocimientos de economía debería resultar obvio porqué supermercados o farmacias “populares” no son una buena idea, vamos a continuación a explicarlo con manzanitas.

No es GRATIS, ENTIENDE.

Partamos por lo más básico, estas iniciativas se financian principalmente con el presupuesto municipal, si usted creía que la “gracia” salía gratis se equivocó. Claro, el consumidor paga un menor precio por el producto, pero es el municipio quien debe costear el vender por debajo del margen de ganancia y todo lo demás, ya sea los costos de funcionamiento del local (eventualmente su arriendo), los químicos farmacéuticos en el caso de las farmacias populares, los funcionarios municipales que administran, costos por inventario, etc.

Uno podría decir que estos gastos adicionales de los municipios se justifican en virtud de la alta “utilidad social” que las iniciativas generan. No sé qué clase de “utilidad social” tiene el quitarle plata a los contribuyentes por la fuerza, pagarle a un montón de apitutados en el camino y luego venderle algo más barato financiado con esa plata que le quitó en primer lugar. Más bien deberíamos llamarle robo o estafa social.

“Venezuela no es mi modelo, pero sí quiero copiar lo que hacen allá”

Bien, digamos que su alcalde populista favorito instaló alguna iniciativa “popular” en su comuna, ¿qué sucede después? Naturalmente, si están ofreciendo productos a precio de costo más baratos, la demanda en dicho local “popular” tenderá al alza (¿quién no compraría ahí? hasta yo iría), lo que hace que a la larga con un mismo stock los bienes comiencen a escasear.

Para estos efectos, existen dos posibles soluciones:

La primera es que la farmacia-supermercado-librería (próximamente cualquier cosa) siga vendiendo con el mismo stock. En este caso, los bienes nunca serán suficientes y por tanto siempre estará desabastecida. Un posible remedio a este problema sería racionar el stock, por ejemplo, dándole prioridad a la tercera edad o al más pobre. Si el panorama empeora, los consumidores tendrían que esperar meses antes que llegue su producto. Sea cual sea la solución la experiencia final del consumidor en este escenario sería sencillamente deplorable. Esto lo hace a uno recordar la rabia con que los socialistas se quejaban para las elecciones pasadas del slogan “seremos Venezuela” pues decían para las elecciones que eso era promover una campaña del terror, pero ahora los vemos promover medidas características de lugares donde no hay comida ni agua.

La segunda solución es que el municipio derechamente aumenta el presupuesto. Este escenario inyecta liquidez al proyecto, de manera que le permite, por el momento, adecuarse a la demanda existente y satisfacerla plenamente. Ahora bien, para aumentar el presupuesto se hizo necesario que la municipalidad haya tenido que cortarle el presupuesto a otras áreas tan o más relevantes, o haya tenido que aumentar impuestos o derechamente haya tenido que recurrir a la deuda. En ambos casos podemos ver que hay déficit presupuestario, colas y racionamiento. Todas cosas que les encantan a los venezolanos, por eso vienen a Chile a disfrutarlas de nuevo.

¿Dónde está el límite? La respuesta es que no hay límite. Los alcaldes pueden seguir jugando a ser héroes engañando a la gente, total los platos rotos los pagarán otros más adelante cuando hereden municipios quebrados. Nótese que esto es casi que economía a escala de lo que sucede con la administración pública a nivel nacional, usted se sorprendería lo que despilfarra el Estado, pero eso nunca se lo cuentan. No debiese sorprender que el destino de las nacientes farmacias y supermercados populares, buena en sus intenciones pero mala en sus predecibles resultados, sea obvia: una farmacia o un supermercado popular incapaz se satisfacer la totalidad de la demanda y obligada a racionar el limitado stock que disponga, listas de espera de meses para conseguir un remedio. Los que vaticinaban con el fin de las farmacias o de los supermercados ignoran que el sistema de precios cumple una función muy relevante al momento de equilibrar la oferta con la demanda y evitar la escasez.

Es importante recalcar que el Estado y sus órganos como los municipios, no constituyen “un competidor más”, puesto que no pueden quebrar y en cambio simplemente les traspasan las pérdidas de manera indefinida a los contribuyentes.

Libros de Baradit ¿En serio?

Para terminar, uno puede entender que se quiera luchar por precios más baratos de cosas esenciales como medicamentos, pero, ¿libros físicos? En el siglo 21 promover librerías parece francamente una idea tan absurda que sorprende que tanta gente la apoye. Para empezar cualquiera puede descargar un PDF con la mayoría de los libros que pueda requerir gratis. En segundo lugar ¿Cuáles libros? Dudo que sea un gran fomento a la calidad de la educación que la gente lea a Baradit y sus ediciones sobre la historia secreta, la historia más secreta y la historia más ultrasecreta de Chile. Cuando un ve la lista de libros del municipio de Recoleta no puede sino reír o llorar, ¿Donde está el pluralismo? Dudo que jamás aparezca un libro de Axel Kaiser o de Fernando Villegas rebajado en la librería de Recoleta, sino más bien pareciera que quiere hacer lobby para beneficiar los libros de sus amigos, ¿La corrupción entre los municipios e intereses particulares no nos debería parecer mal?

Por último, ¿La gente no lee porque los libros son caros? Cualquiera que piense por más de dos segundos el asunto puede ver que no es ése el caso, la gente no lee porque no está dentro de sus prioridades, y esta realidad no va a cambiar bajando el precio (ni menos ofreciendo más baratos libros basura como Relatos De Una Mujer Borracha, libro rebajado en su municipio regalón).

Si el contenido de este artículo le pareció ofensivo, entienda que uno se cansa que los políticos engañen a la gente. Y también se cansa de la gente, tan dispuesta a ser engañada. Una solución más inteligente será bajar el IVA a todos los artículos esenciales, ¿Se imagina todo un 20% más barato? pero obviamente los políticos no van a querer perder un poco del botín que nos roban todos los años y nunca van a proponer algo similar.

Por Nico C.

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