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“Temucuicui la intocable” columnista reveló con detalles inéditos lo oscuro de la comunidad mapuche que parece una secta y que ha sembrado el terror en La Araucanía

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El columnista del medio El Líbero, Alejandro Martini, sorprendió en las redes con una columna de gran valentía llamada “Temucuicui la Intocable”, donde expone las incómodas verdades de esta comunidad mapuche que ha estado en el ojo del huracán y a la cual pertenecía el difunto combatiente Camilo Catrillanca.

El columnista hace alusión a las violentas prácticas de la comunidad, al más puro estilo de una secta, y devela su modus operandi ilícito para robar y dominar tierras ajenas por la fuerza o mediante el fraude, todo esto bajo la permisiva mirada de la clase política.

También reflexiona sobre lo peligroso que es que el Presidente Piñera defraude a sus votantes de la zona, quienes tienen esperanza en las promesas de seguridad que les hiciera el Mandatario.

Lee la columna acá:

“Hace casi dos años, el ex intendente de La Araucanía durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, el demócratacristiano Andrés Jouannet, comparó a la comunidad mapuche Temucuicui con la ex Colonia Dignidad, calificándola como “secta”. Mientras, el actual parlamentario del Partido Radical por la misma IX Región, el diputado Fernando Meza, señaló algo parecido a mediados del 2017: “Los habitantes de la comunidad no pueden ejercer sus derechos ni expresar sus opiniones ni actuar con libertad. Están sometidos. Se parece mucho a lo que yo vi cuando visité Colonia Dignidad”.

Esta comunidad, ubicada en Ercilla, ha sido noticia desde hace tiempo por investigaciones por robo de ganado, de vehículos y de madera; continuos bloqueos de caminos; homicidio frustrado contra un equipo periodístico de TVN; agresiones a voluntarios del Censo 2017; acusaciones de quemar iglesias. Incluso su werkén, Jorge Huenchullán, fue condenado por la justicia luego de que él mismo reconociera el delito por el cual fue juzgado (en su casa fue decomisada marihuana avaluada en aproximadamente 140 millones de pesos). Asimismo, en el 2009, el anarquista Juan Cruz, que llegó a la Temucuicui a solidarizar, terminó asesinado en medio de una desmedida ingesta de alcohol en la casa de un comunero, coincidentemente familiar directo del werkén antes mencionado. Es más: durante la investigación por este crimen, perpetrado por un disparo efectuado a escasos centímetros de la cabeza (prácticamente una ejecución), los cercanos al asesino acusaron a otros miembros de la Temucuicui, entre ellos al abuelo de Camilo Catrillanca, el lonco Juan Catrillanca.

Se trata de una comunidad violenta, que incluso expone a niños pequeños cuando la policía trata de cumplir alguna orden judicial, así como también investigaciones de prensa.

Esto se explica porque la comunidad está dividida en tres partes, las cuales han mantenido violentas disputas durante años. Se trata de una comunidad violenta, que incluso expone a niños pequeños cuando la policía trata de cumplir alguna orden judicial, así como también investigaciones de prensa que dan cuenta que no todos los comuneros tienen permiso para usar celulares, mientras otros viven subyugados a las casi dictatoriales reglas de los líderes. Muy al estilo de una “secta”, como lo llamó el ex intendente de Bachelet, Andrés Jouannet.

Asimismo, según otro trabajo periodístico, el título de merced de la Temucuicui consignaba 250 hectáreas. Hoy tienen casi 3.500, considerando las más de 3.000 que han recibido desde 1998. Estas últimas, luego de sucesivas tomas y ataques a sus antiguos vecinos (agricultores y forestales), compras que, pagadas con dinero de todos los chilenos, sumaron más de 4.000 millones de pesos. Es decir, a través de la violencia, las amenazas y la benevolencia de una seguidilla de gobiernos, la comunidad ya tiene 14 veces más terrenos de lo que era originalmente.

Hace un par de semanas, en la Temucuicui, un grupo de dirigentes mapuche firmaron una declaración pública. Entre los firmantes estaban los siguientes: el padre de Camilo Catrillanca, de nombre Marcelo, quien estuvo varios años prófugo de las justicia luego de ser condenado por un ataque incendiario; Salvador Penchulef, personaje conocido en redes sociales por sus reiterados llamados a la violencia; Aucán Huilcamán, uno de los dirigentes que más repudio genera dentro del mismo pueblo mapuche; Ana Llao, una de las voceras del reo Celestino Córdova (este último cumple sentencia por el macabro crimen del matrimonio Luchsinger Mackay); y el ya referido y recientemente condenado por la justicia, el werkén Jorge Huenchullán, entre otros. Son algunos de éstos los que públicamente han hecho llamados a movilizarse, situación que en los últimos días de este año ha terminado en ataques incendiarios, rutas bloqueadas, vehículos apedreados, barricadas en distintas comunas de La Araucanía, tomas de terrenos (incluida la municipalidad de Ercilla), y protestas en Santiago, las cuales incluyeron una demencial agresión a un Carabinero que pudo perfectamente ser fatal.

Mientras todo lo anterior ocurre, el actual gobierno parece decidido a dejar que la violencia se apodere de la región. Cierto es que las mentiras descubiertas en el caso Catrillanca deben ser investigadas a fondo y los responsables sancionados, pero esa misma determinación y firmeza se debió mostrar en cada atentado cometido por grupos como la CAM y otros similares. Y esto último corre también para fiscales y jueces, cuyo trabajo deja mucho qué desear cuando el acusado es un violentista afín a la causa mapuche.

El darles “chipe libre” no los convencerá de que el diálogo es el mejor camino para encontrar soluciones; tampoco los calmará. Por el contrario, los aleona para seguir en lo mismo.

La Temucuicui es un cáncer al que se le ha dejado ramificar, este gobierno y los anteriores. Y si se ha expandido, es porque el diagnóstico ha sido el equivocado una y otra vez. Los doctores, en este caso el mundo político, son los grandes responsables del caótico clima que se vive en La Araucanía, principalmente aquellos que usan el bisturí con la mano izquierda, los cuales, con el beneplácito del gobierno que ha permitido que la situación a escale a niveles que no corresponde, han tratado de exprimir descaradamente el caso Catrillanca.

El Presidente Piñera no debería olvidar por qué ganó contundentemente, con casi un 63%, las últimas elecciones en La Araucanía. Los que hoy promueven y ejercen la violencia en la región, tomándose terrenos, cortando caminos y cometiendo atentados, no son parte de esos votantes. El darles “chipe libre” no los convencerá de que el diálogo es el mejor camino para encontrar soluciones; tampoco los calmará. Por el contrario, los aleona para seguir en lo mismo. Es por eso que el gobierno debe tener claro que mientras estos grupos radicalizados, como la Temucuicui, no cambiarán de opinión, los votantes del Mandatario sí lo están haciendo porque se sienten defraudados. Y eso, a la larga, es darle en bandeja el próximo período presidencial a esta misma izquierda mezquina e irresponsable que, por mero aprovechamiento político, apoya a estos violentistas.

No olvidar que a un ministro del actual gobierno le recuerdan, muy a menudo, el apoyo que en algún momento le dio a Colonia Dignidad. No vaya a ser cosa que a otros se les recuerde, en el futuro, haberles permitido a la Temucuicui y sus miembros hacer y deshacer a su antojo, concretamente ser intocables”.

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