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“Los Dos Atria”: La columna que cuestiona duramente a uno de los principales intelectuales de la izquierda chilena

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“La obsesiA?n por tener una ConstituciA?n totalmente a�?legA�tima y democrA?ticaa�? en su origen puede conducir a situaciones mucho peores que aquellas que la generan. Lo mA?s irA?nico es que una ConstituciA?n nunca podrA?, por sA� sola, mejorar las condiciones econA?micas y sociales de una NaciA?n, pero sA� que puede, en gran medida, empeorarlas.

Venezuela es el ejemplo mA?s dramA?tico de a quA� conduce la obsesiA?n por una ConstituciA?n que emane del Poder Constituyente y no del Poder Constituido. En ese paA�s, hoy devastado por el socialismo y las mafias, se cayA? en 1999 en un falso dilema, que consistiA? en contraponer la rigidez y supremacA�a constitucional -exigencias para su modificaciA?n vA?lida y legA�tima- a la soberanA�a popular. En efecto, ante una solicitud de interpretaciA?n de la ley de participaciA?n polA�tica entonces vigente, se preguntA? a la Corte Suprema de Justicia -no controlada por Hugo ChA?vez- si era posible modificar la ConstituciA?n vigente de 1961 por un mecanismo distinto a los previstos en ella -la enmienda y la reforma-, a saber, a travA�s de una Asamblea Nacional Constituyente.

La Corte debiA?, a pesar de lo impopular que pudiese ser su decisiA?n, negar esa posibilidad y calificarla como un claro intento de romper el hilo constitucional a travA�s de un fraude.

Sin embargo, presa de la presiA?n polA�tica y de ideas revolucionarias sobre el Derecho, dicha Corte, en sentencia del 19/01/99, autorizA? la convocatoria a una Asamblea Constituyente para derogar la ConstituciA?n de 1961, a partir del falso dilema antes mencionado: “Si la ConstituciA?n, como norma suprema y fundamental puede prever y organizar sus propios procesos de transformaciA?n y cambio, en cuyo caso, el principio democrA?tico quedarA�a convertido en una mera declaraciA?n retA?rica, o si se estima que, para preservar la soberanA�a popular, es al pueblo a quien corresponderA? siempre, como titular del Poder Constituyente, realizar y aprobar cualquier modificaciA?n de la ConstituciA?n, en cuyo supuesto la que se verA? corrosivamente afectada serA? la idea de supremacA�a”.

OptA? la decadente Corte Suprema de Justicia por liquidar la supremacA�a constitucional y, con ella, eliminar todos los lA�mites para el ejercicio del poder en la tierra de AndrA�s Bello. Ahora bien, A?cuA?l ha sido el resultado de eliminar esos lA�mites al ejercicio frenA�tico, revolucionario, a�?democrA?ticoa�? y guiado por la a�?justicia sociala�? del poder?

El Observatorio Venezolano de Violencia registrA? en 2016 28.479 muertes violentas en toda Venezuela, a�?una tasa de 91,8 por cada cien mil habitantes, que ubica a ese paA�s en el segundo lugar entre los paA�ses con mayor violencia letal en el mundoa�? (vA�ase su A?ltimo informe en: https://goo.gl/9fwftk). SegA?n especialistas de la organizaciA?n religiosa Caritas a�?Venezuela estA? en una crisis humanitaria con tendencia a aumentar cada mes. En caso de no tomar las medidas necesarias en diciembre habrA? una emergencia humanitaria (a��) La mA?s reciente mediciA?n de CA?ritas arrojA? en abril que 11,4% de los niA�os venezolanos estA?n desnutridos (a��) Solo este aA�o han muerto 37 niA�os por desnutriciA?n, una cifra altA�simaa�? (ver entrevista en: https://goo.gl/7fNPLt). El Fondo Monetario Internacional prevA� para 2017 una inflaciA?n de 1.660% a�?que serA? la mA?s alta del planeta, aA�adiendo que la tasa de desempleo en tambiA�n aumentarA? del 18,1% en 2016 al 21,4% en 2017a�? (ver: https://goo.gl/6JGgw1).

Cabe preguntarse A?es inevitable que una vez eliminados los contrapesos al poder a travA�s de la activaciA?n de una Asamblea Constituyente el paA�s que lo haga termine como terminA? Venezuela? Tal vez no inevitable, pero sA� es altamente probable, debido a las tendencias populistas, revolucionarias y socialistas -expansivas del poder estatal sobre la vida de las personas- que suelen impulsar procesos de ruptura polA�tica a travA�s de dichas Asambleas.

Pero no solo por los resultados desastrosos desde el punto de vista humanitario es que llama la atenciA?n la invocaciA?n del Poder Constituyente y de Asambleas Constituyentes en paA�ses de la regiA?n, sino por las crA�ticas que tanto desde la teorA�a jurA�dica mA?s reconocida como desde la filosofA�a polA�tica han recibido esas nociones tramposas, ambiguas y siempre orientadas a conceder poder absoluto a quienes las encarnan, justo para alertar a las sobre lo mucho que ponen en riesgo quienes entregan sus vidas y derechos a instancias de poder ilimitado, como las arriba mencionadas.

De acuerdo con Genaro CarriA?, el pretender justificar ante los electores un cambio de raA�z de la ConstituciA?n a travA�s de una Asamblea Constituyente no sometida a aquA�lla, para mostrar A�sta como una vA�a institucional, a�?democrA?ticaa�? para lograr ese fin, es una completa falacia, ya que implica a�?querer hablar normativamente mA?s allA? de los lA�mites externos del lenguaje normativoa�?. Dicho en otras palabras, a�?a��el uso del concepto de poder constituyente originario para justificar la reforma revolucionaria de normas constitucionales importa la pretensiA?n de llevar el concepto normativo de competencia (a��) mA?s allA? de los lA�mites dentro de los cuales este A?ltimo concepto puede (a��) servir de justificaciA?na�? (Notas sobre Derecho y Lenguaje, p. 253).

AsA� las cosas, proponer cambiar la ConstituciA?n de un paA�s a travA�s de una Asamblea Constituyente no sujeta a ella, es tanto como decir, en definitiva, que se la cambiarA? a travA�s del uso de la fuerza bruta y no de un proceso institucional y democrA?tico.

En el A?mbito de la filosofA�a polA�tica encontramos a pensadores como Raymond Aron, quien advierte sobre el modo mA?s prudente de definir la democracia como a�?a�?la organizaciA?n de la competencia pacA�fica con miras al ejercicio del podera�� (Aron, 1999: 42)a�?, definiciA?n que a�?se realiza a travA�s de instituciones y no de ideas trascendentes tales como la soberanA�a popular, la libertad, la igualdad, etc.a�?, y en la cual queda expuesto que a�?el principio de la democracia es para Aron una combinaciA?n de tres cualidades bA?sicas: la pasiA?n partidista, el respeto a las reglas y el sentido del compromiso (Aguilar, 2005) (a��) Para que la competencia sea realmente pacA�fica, se necesita a su vez el respeto a las reglas y a los principios jurA�dicos, y fundamentalmente el respecto a la ConstituciA?n, que es el instrumento mediante el cual se organiza la competencia por el poder. En efecto, establecer una ConstituciA?n a�?es fijar las reglas segA?n las cuales los ciudadanos eligen a sus representantes, y segA?n las cuales, a continuaciA?n, los representantes eligen a quienes ejercerA?n las funciones que les han sido encomendadasa�� (Aron, 1999: 50). Por ser una mera construcciA?n legal, todas las Constituciones son arbitrarias, y su verdadera justificaciA?n radica en su eficacia para organizar la competencia electoral y disciplinar las ambiciones propias de los hombres (Aron, 1963)a�? (Los orA�genes de la inestabilidad democrA?tica en Aron, pp. 76 y 77).

De acuerdo a la explicaciA?n dada por Cecilia Aversa a partir de la obra de Aron, es claro que todo proceso democrA?tico, para serlo, debe estar sujeto a reglas e instituciones no susceptibles de ser desconocidas por la mayorA�a, lA�mites que se hallan en la ConstituciA?n, la cual no pude ser acusada de ilegA�tima por no ser resultado, a su vez, de un proceso electoral democrA?tico, por no derivar su legitimidad tanto de su origen electoral o no, como de su aplicaciA?n y eficacia para ofrecer institucionalidad, libertad y desarrollo a la sociedad en la que rige.

Es por todo lo anterior que sorprende y llama la atenciA?n la posiciA?n del profesor Fernando Atria a favor de la activaciA?n del Poder Constituyente en Chile y el establecimiento de una Asamblea Constituyente, a pesar de no estar prevista esa figura en la ConstituciA?n de este paA�s, ello en la medida que, en el campo de la teorA�a general del Derecho, se le conoce como un positivista incluyente, enfoque para el cual las formas y la distinciA?n entre Derecho, Moral y PolA�tica son esenciales. En este A?mbito, el autor mencionado sostiene ideas muy consistentes y beneficiosas para las personas, como se verA? a continuaciA?n.

Respecto de la autoridad y seguridad que provee el Derecho, seA�ala que a�?a��el derecho tiene autoridad, y que el derecho tenga autoridad quiere decir que las reglas jurA�dicas valen no porque sean correctas, sino porque son jurA�dicas. Es perfectamente inA?til que el juez diga, al fallar sobre la demanda del comprador contra el vendedor, a�?el vendedor debe hacer lo que es justo que hagaa��a�? (El Derecho y la contingencia de lo PolA�tico, p. 322).

En cuanto al rol del Derecho frente a la PolA�tica sostiene a�?A?Y el derecho? El derecho lo que hace es reducir la contingencia porque una de las razones por las que lo polA�tico tiene valor es que nos permite llevar nuestras vidas privadas. Esas vidas necesitan mecanismos de reducciA?n de la contingencia, que nos permitan planificar nuestras vidas y vivir conforme a nuestros planes y no simplemente ser cuerpos a travA�s de los cuales la vida es vivida. La polA�tica como contingencia, el derecho como negaciA?n de la contingenciaa�? (pp. 343 y 344).

Por A?ltimo, sobre lo esencial de las formas jurA�dicas para convivir y evitar la violencia, ha seA�alado: a�?La hostilidad actual de los juristas al formalismo es precisamente hostilidad a ideas muertas. Pero esta reacciA?n hostil no se entiende a sA� misma como el rechazo de formas muertas, sino como la superaciA?n de la idea misma de forma. Pretende negar que necesitemos formas para vivir juntos y funda en eso su rechazo al formalismo. Pero en eso yerra, y como las formas son necesarias esa crA�tica solo implica el reemplazo de una forma por otraa�? (La Forma del Derecho, p. 20).

Las ideas anteriores, sin embargo, no parecen guardar coherencia o continuidad al menos con la posiciA?n polA�tica del profesor Atria, quien al defender como ciudadano la necesidad de a�?destruira�? la ConstituciA?n a�?de Jaime GuzmA?n de 1980a�? para sustituirla por una a�?nuevaa�? ConstituciA?n, apela a nociones polA�ticas colectivistas contrarias al Derecho, lo que se aprecia por ejemplo en su consideraciA?n de la ConstituciA?n como una mera a�?decisiA?n del puebloa�?: a�?Una constituciA?n es, asA�, un acto de afirmaciA?n polA�tica que define un a�?nosotrosa�� y da a ese nosotros una determinada forma polA�tica, es decir, un modo de acciA?n (una manera de determinar quA� es lo que esa unidad polA�tica quiere o hace)a�? (La ConstituciA?n tramposa, p. 35)

TambiA�n cuando explica por quA� a su juicio la vigente en Chile no es una ConstituciA?n en realidad, y por tanto no es Derecho: a�?a��esas normas no le dan forma polA�tica al pueblo con la finalidad propiamente constitucional de habilitarlo a actuar, sino con la finalidad precisa de neutralizar su agencia, de impedir que actA?e. Por lo tanto, la decisiA?n fundamental de la llamada ConstituciA?n de 1980 es negar al pueblo la potestad para actuar. Pero si es una decisiA?n cuyo contenido fundamental es negar la agencia polA�tica del pueblo, entonces no puede ser una decisiA?n del pueblo sobre su forma polA�tica, sino una que se le impone. Por eso es correcto decir que la llamada ConstituciA?n de 1980 es esencialmente antidemocrA?tica o, lo que es lo mismo, que no es una constituciA?na�? (p. 45).

Finalmente, cuando describe a la Asamblea Constituyente como la instancia adecuada para tomar esa a�?decisiA?na�? que serA? la a�?nuevaa�? ConstituciA?na�?: a�?a��esa decisiA?n estA? radicalmente desvinculada de toda regla o procedimiento, porque de otro modo estarA�a reconociendo normatividades anteriores y eso serA�a contradictorio. Tiene que ser una decisiA?n que se haga camino al andar (a��) esta radical desvinculaciA?n es tanto positiva como negativa. Es positiva en la medida que es una decisiA?n que se libera de todo lA�mite anteriora��a�? (p. 69).

Es patente la contradicciA?n que existe en afirmar que resulta absurdo pretender a�?negar que necesitemos formas para vivir juntosa�? y al mismo tiempo sostener que es conveniente y beneficioso que exista una instancia con poder sobre todos que pueda tomar decisiones a�?liberada de todo lA�mite anteriora�?, tan solo porque las formas que rigen la sociedad en la que vivo a nivel constitucional no se ajustan a un cierto ideal polA�tico y moral.

De continuar en la agenda pA?blica la propuesta de un cambio constitucional vA�a Asamblea Constituyente, los chilenos tendrA?n ante sA� una elecciA?n que puede afectar de las peores formas imaginables a varias generaciones por venir, de modo que serA�a prudente no tomar partido ante ella sobre la base de nociones tramposas, ambiguas y que apuntan al ejercicio ilimitado del poder. Tal vez, a la luz de la terrible experiencia venezolana, y de los resultados positivos que ha traA�do la modificaciA?n progresiva de la ConstituciA?n chilena a este paA�s, vA�a reforma y leyes orgA?nicas constitucionales, convenga desoA�r los cantos de sirena y valorar mA?s y mejor la forma del Derecho y sus beneficios para la constituciA?n de una sociedad abierta, libre y prA?spera”.

PorA�Luis Alfonso Herrera Orellana

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