Inicio Cultura y Sociedad El espeluznante relato donde Pablo Neruda confiesa haber violado a una mujer

El espeluznante relato donde Pablo Neruda confiesa haber violado a una mujer

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AdemA?s de abandonar a su hija con hidrocefaliaA�a la cual la describiA? asA�: a�?Mi hija, o lo que yo denomino asA�, es un ser perfectamente ridA�culo, una especie punto y coma, una vampiresa de tres kilosa�?, tambiA�n este homenajeado poeta violA? sin piedad a una mujer cuando era CA?nsul en Sri Lanka.

Cuesta creer que aA?n a pesar de todo lo malo que fue el hombre, sea tan elogiado en Chile y el mundo, una demostraciA?n de lo poco rigurososA�queA�son algunos a la hora de enaltecer a algunas personas.

Para la A�poca, al parecer no resultaba tan terrible violarse a una mujer, al menos si lo vemos desde el punto de vista y con laA�ligeridad en como lo describe Neruda. Sin embargo, cuesta entender que al dA�a de hoy; quienes mA?s apoyan las banderas de la no discriminaciA?n a las mujeres y de luchar por los derechos humanos,A�son justamente las banderas de donde proviene el poetaA�y a pesar de eso, estos paladines han perpetuadoA�un tremendo silencioA�con respecto a uno de sus mA?ximos exponentes.

El relato del escritor y militante del partido comunista pertenece a una de sus obras mA?s cA�lebresA�a�?Confieso que he vividoa�?A�libro donde relata parte de sus memorias A�y entre esas aparece este crudo episodio de abuso sexual por su parte hacia una mujer del sur de Asia.

Extracto deA�a�?Confieso que he vividoa�?:

Una maA�ana me habA�a levantado mA?s temprano que de costumbre. Me quedA� asombrado mirando lo que pasaba.A�
EntrA? por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer mA?s bella que habA�a visto hasta entonces en CeilA?n, de la raza tamil, de la casta de los parias. Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela mA?s burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. SerA�an vidrios ordinarios, pero en ella parecA�an rubA�es.

Se dirigiA? con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mi existencia, y desapareciA? con el sA?rdido receptA?culo sobre la cabeza, alejA?ndose con su paso de diosa.

Era tan bella que a pesar de su humilde oficio me dejA? preocupado. Como si se tratara de un animal huraA�o, llegado de la jungla, pertenecA�a a otra existencia, a un mundo separado. La llamA� sin resultado.

DespuA�s alguna vez le dejA� en su camino algA?n regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oA�r ni mirar. Aquel trayecto miserable habA�a sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente.

Una maA�ana, decidido a todo, la tomA� fuertemente de la muA�eca y la mirA� cara a cara. No habA�a idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejA? conducir por mA� sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama.

Su delgadA�sima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacA�an igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. PermaneciA? todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. HacA�a bien en despreciarme. No se repitiA? la experienciaa�?.

Hasta el diario The Clinic en una ocasiA?n le dedicA? una portada por su espeluznante relato:

VA�a MQLTV /A�Educar Chile

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